La arquitectura de la seguridad del Internet de las Cosas (IoT) está experimentando un cambio sísmico, impulsado no por una única vulnerabilidad, sino por una confluencia de fuerzas regulatorias, tecnológicas y de mercado. Desarrollos recientes, que incluyen un fallo judicial pivotal contra Google, la expansión de la tecnología de SIM integrada (eSIM) y la mercantilización del espectro radioeléctrico, están desmantelando colectivamente los viejos modelos de control y creando un nuevo panorama de conectividad, más fragmentado y riesgoso. Para los líderes en ciberseguridad, comprender esta transformación es crítico para asegurar la próxima generación de dispositivos conectados.
El desacoplamiento del poder de las plataformas
Una reciente sentencia judicial en Estados Unidos ha dictaminado que Google debe limitar a un año máximo la duración de sus contratos predeterminados para aplicaciones de búsqueda e IA en dispositivos. Esta decisión, aunque se centra en la competencia y el antitrust, tiene profundas implicaciones indirectas para la seguridad del IoT. Durante años, la integración profunda de servicios como la Búsqueda de Google, el Asistente y los Servicios de Google Play en dispositivos IoT basados en Android creó una línea base de seguridad relativamente estable, aunque monopolística. Los fabricantes de dispositivos y los operadores funcionaban dentro de un marco conocido para actualizaciones, gestión de identidad e integración de servicios.
Este fallo amenaza con desestabilizar ese modelo. Al poder cambiar los contratos potencialmente cada año, los compromisos de seguridad a largo plazo para los componentes de software en los dispositivos inteligentes se vuelven inciertos. ¿Mantendrá un nuevo proveedor predeterminado de búsqueda o IA en el segundo año el mismo rigor en la gestión de parches o la detección de amenazas? La consistencia de la cadena de suministro de seguridad ahora está en entredicho. Esta presión regulatoria fuerza un cambio desde un modelo de seguridad centralizado y controlado por la plataforma hacia uno más modular y transitorio, incrementando la complejidad de la gestión de vulnerabilidades y las auditorías de cumplimiento en flotas de dispositivos.
eSIM y la democratización de la conectividad
De forma simultánea, la rápida adopción de la tecnología eSIM está rompiendo el vínculo tradicional y físico entre un dispositivo y su operador de telefonía móvil. Una eSIM permite el aprovisionamiento remoto y el cambio de perfiles de red sobre el aire (OTA). Para el IoT, esto significa que un sensor desplegado en campo puede ahora cambiar dinámicamente de un operador principal a uno de respaldo basándose en la cobertura, el costo o la política de seguridad, sin intervención manual.
Si bien esto ofrece resiliencia operacional y beneficios de coste, introduce nuevos vectores de ataque. El propio proceso de aprovisionamiento de la eSIM se convierte en un objetivo de alto valor. Una plataforma de aprovisionamiento comprometida podría permitir a un atacante redirigir una flota masiva de dispositivos IoT—desde sensores industriales hasta vehículos conectados—hacia una red maliciosa bajo su control, permitiendo ataques de intermediario (man-in-the-middle), exfiltración de datos o la inutilización de dispositivos. Además, la capacidad de cambiar de operador rápidamente podría explotarse para eludir controles de seguridad basados en red o restricciones geográficas, complicando las investigaciones forenses y la búsqueda de amenazas.
La nueva frontera: Redes privadas y riesgo del espectro
La revolución de la conectividad se extiende más allá de los operadores tradicionales. Las subastas de espectro del Servicio de Banda Ancha para Ciudadanos (CBRS) de la FCC en EE.UU. han abierto la banda de 3.5 GHz para uso comercial compartido, permitiendo a las empresas desplegar sus propias redes privadas LTE y 5G. Esto cambia las reglas del juego para fábricas, puertos y campus que despliegan redes IoT densas, ofreciendo baja latencia, alta fiabilidad y localidad de los datos.
Sin embargo, como destacan análisis recientes, estas subastas y el posterior despliegue de redes privadas conllevan riesgos significativos y a menudo pasados por alto. La responsabilidad de la seguridad se traslada por completo de un operador de red móvil (MNO) experimentado al equipo de TI o TO de la empresa. Configurar y asegurar un núcleo de red celular privado—gestionando autenticación (como los marcos SEAL y SORA en CBRS), cifrado y segmentación de red—requiere un conocimiento especializado en seguridad de telecomunicaciones que la mayoría de los equipos de ciberseguridad corporativos no poseen. Los errores de configuración podrían exponer dispositivos IoT de tecnología operacional (TO) crítica directamente a internet o crear brechas en el aislamiento entre usuarios con licencia de acceso prioritario (PAL) y acceso autorizado general (GAA) en el espectro compartido.
Convergencia con el ecosistema del hogar con IA
Estos cambios en la conectividad se intersectan con la tendencia hacia entornos más inteligentes y autónomos. La visión de Samsung de un hogar con IA, donde los electrodomésticos cotidianos se adaptan al comportamiento del usuario, ejemplifica esta tendencia. Estos ecosistemas impulsados por IA dependen de una conectividad constante y fluida para funcionar—recopilando datos, procesándolos en la nube o en el edge, y ejecutando comandos. La seguridad de esta vida digital adaptativa depende ahora de la integridad de las capas de conectividad dinámica discutidas anteriormente.
Si el modelo de IA en un refrigerador inteligente que realiza pedidos de comestibles se sirve a través de un contrato predeterminado ahora modificable, y el dispositivo se conecta mediante una eSIM aprovisionable remotamente a una red CBRS gestionada de forma privada, la superficie de ataque se multiplica. Un adversario podría manipular la conectividad para envenenar los datos de entrenamiento de la IA, interceptar información sensible del hogar o causar malfuncionamientos físicos.
Recomendaciones estratégicas para equipos de ciberseguridad
- Auditar los SLA de seguridad contractuales: Escudriñar los acuerdos con fabricantes de dispositivos y proveedores de plataformas en busca de cláusulas relacionadas con cambios de control en los servicios predeterminados. Exigir acuerdos de nivel de servicio (SLA) de seguridad claros que sobrevivan a las transiciones contractuales.
- Asegurar el ciclo de vida de la eSIM: Tratar los sistemas de aprovisionamiento de eSIM con el mismo rigor de seguridad que a las autoridades de certificación. Implementar autenticación mutua fuerte entre el dispositivo y el servidor de aprovisionamiento y monitorizar las solicitudes de descarga de perfiles anómalas.
- Construir competencia en redes privadas: Antes de desplegar redes privadas CBRS o similares, invertir en la formación del personal de seguridad en estándares 3GPP, seguridad del núcleo de red celular (SecGW, UPF) y herramientas de monitorización del espectro. Considerar servicios de seguridad gestionada para el núcleo celular.
- Adoptar Confianza Cero (Zero-Trust) para IoT: Asumir que la red es hostil. Implementar verificación de identidad y postura del dispositivo (independientemente del operador) y cifrar los datos de extremo a extremo. La seguridad a nivel de red ya no puede ser el único control.
- Planificar para una mayor fragmentación: Desarrollar procesos de gestión de activos y divulgación de vulnerabilidades que puedan manejar dispositivos con pilas de software y conectividad que pueden cambiar con mayor frecuencia.
La era de un modelo de seguridad IoT estable y centrado en el operador está terminando. El nuevo panorama de desagregación de plataformas, conectividad dinámica y redes privadas ofrece flexibilidad e innovación, pero exige un enfoque de seguridad más sofisticado, proactivo y holístico. Los puntos de control han cambiado, y nuestras defensas también deben hacerlo.

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